Las olas de calor y sus posibles efectos en el suministro eléctrico
18 julio, 2016
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Por Nervis Villalobos. Director Técnico y de Operaciones en Enersia Technology & Innovation.

Todos los años, durante los meses de verano, el consumo de energía eléctrica en los hogares se dispara, sobre todo en las últimas décadas, en las que el cambio climático está haciendo mella y provocando un aumento progresivo de las temperaturas. Sin ir más lejos, el pasado año,  fue el comienzo de verano más caluroso de los últimos 40 años, ya que en el transcurso de un mes se sucedieron tres olas de calor, algo que no tenía lugar desde 1975.

Pero es imposible conciliar el sueño cuando a las dos de la madrugada la temperatura en el exterior supera los 33 grados centígrados, como llegó a suceder en el sur y centro de la Península durante varios días en los meses de julio y agosto de 2015. La OMS (Organización Mundial de la Salud)  explica que, en estas circunstancias,  un 20% de la población tiene dificultades para conciliar el sueño y permanecer dormido toda la noche. Por su parte, en un estudio realizado por el Consejo Superior de Investigaciones científicas (CSIC)   se  demostró que cada día  que la temperatura máxima supera los 36 grados centígrados, la mortalidad de la personas mayores de 75 años aumenta un 20,1%.

Ante este panorama, la mayoría de los ciudadanos  optan por poner el aire acondicionado para sobrellevar de la mejor manera posible este trance, que a veces dura jornadas enteras. Es entonces cuando se registran verdaderos picos de demanda de energía eléctrica, como el alcanzado el pasado mes de julio de 2015, que llegó hasta 40.192 megavatios(MW), según los informes de REE, segunda cifra más alta en época estival si se tiene en cuenta el record de 41.318 MW registrados el 19 de julio del año 2010. Pero a pesar de todo, paradójicamente, la cifra global más alta de todos los tiempos tuvo lugar el 17 de diciembre de 2007, con más de 45.450 MW.

Esta excesiva necesidad de energía provoca que, en algunas ocasiones, haya cortes de suministro, a veces por sobrecarga en las líneas de transporte y otras, por problemas en las redes de generación y distribución.

Para reducirlos, en cuanto a lo que a consumidores se refiere, pueden llevarse a cabo una serie de pautas que permitirán ahorrar y ser eficientes  energéticamente.  Una de ellas tiene que ver con  el uso racional del aire acondicionado. La climatización, tanto para los edificios como para los hogares, no debe ser inferior a 24 grados en verano ni superar los 21 en invierno ya que, rebajar 5 grados la temperatura exterior es suficiente para refrescar. Además, la mayor demanda de electricidad para ese tipo de sistemas de refrigeración incrementa de forma notable las emisiones de C02 a la atmósfera y llegan a consumir hasta un 90% más de energía que otro tipo de equipos, como pueden ser  los ventiladores de techo. A esto puede sumarse que es también muy importante el uso de equipos de aire acondicionado más eficientes, ya que pueden suponer un ahorro energético de hasta un 40% y contribuirán a una menor carga de demanda eléctrica.

Por otra parte, cuando tienen lugar periodos de temperaturas cálidas extremas se produce el fenómeno “isla de calor” en las ciudades, que supone llegar  a incrementarse hasta en 5 grados centígrados la temperatura en las mismas con respecto a áreas rurales.

Es importante, en este sentido, apostar por la ventilación natural de edificios y la reducción de la iluminación artificial en estos meses donde se disfruta de un mayor número de horas de luz natural. Si se generaliza el uso de bombillas de bajo consumo como las LED, de paso se reducirá también la contaminación lumínica en las urbes y las emisiones de CO2 a la atmósfera.

En cuanto al uso de equipos ofimáticos, se puede también contribuir a un ahorro en la demanda energética tanto a nivel profesional como particular, utilizando equipos eficientes y  desconectándolos  completamente de la red eléctrica al finalizar su uso.

 

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